LA OPORTUNIDAD PERDIDA

Este cuento no tiene moraleja por que un cuento solo es eso, un cuento, hasta que alguien valiente se lo cree y lo convierte en realidad. Entonces la moraleja se convierte en la propia vida de las personas a las que ha hecho bien. Faltan valientes que no solo se llenen la boca afirmando que el deporte es salud y que el conocimiento es poder, sino que las acompañen con hechos que realmente se enfoquen en las personas.

Érase una vez un periodo de tiempo en que el mundo se hallaba amenazado por una terrible Oscuridad. Una Oscuridad que los enemigos de este habían transmutado en una enfermedad que iba arrasando allá por dónde pasaba. Primero fue oriente que quedó sometido a la pandemia y siguió avanzando hacia occidente sin que nada ni nadie pudiera detenerla. Las noticias eran desoladoras y las esperanzas cada vez menores pero aún así, en un Reino que de momento estaba libre de contagios, sus gobernantes con la Reina a la cabeza decidieron reunirse para tomar las medidas oportunas para combatir la Oscuridad.

La Reina fue llamando uno por uno a sus consejeros y consejeras y se reunieron en el gran salón del Reino para analizar la situación y escoger las mejores decisiones que protegieran a todos y todas por igual. La Princesa también asistió y es que a pesar de sus ideas un tanto revolucionarias su madre la tenía en muy buena consideración. Después de tensas discusiones se llegó a la conclusión de que lo mejor era esperar los acontecimientos puesto que no estaba demostrado que lo que afectaba a los pueblos y gentes orientales pudiera también causar mella en los occidentales. La decisión pudo ser unánime de no ser por la oposición de una consejera y de la Princesa. Las trataron de locas y desleales porque querían aislar el reino del resto del mundo dejando a todos los nobles sin ingresos, al pueblo sin trabajo y al Reino sin los impuestos, así que no les hicieron ni caso.

No pasaron más de dos meses y la Oscuridad llegó también al Reino que empezó a contar enfermos y muertos por millares sin poder hacer nada para remediarlo. En esa situación tan grave la Reina decidió volver a llamar al consejo que se reunió de urgencia. La Reina tomó la palabra en el salón principal explicando la situación y cuando abrió la palabra al resto de participantes la Princesa la interrumpió para tomarla antes que los demás: “Señoras y señores del consejo, son muy apreciadas sus opiniones pero desde aquí pido a su majestad que tenga en consideración las propuestas de la consejera a la que de haber hecho caso en su momento no nos encontraríamos en esta situación”. Pese a las protestas del consejo en pleno la Reina decidió hacer caso al descaro de su hija y le cedió la palabra a la consejera añadiendo: “Puede hacer sus propuestas pero la advierto que serán consideradas y votadas por este consejo concediéndome a mi el derecho de imposición o veto”.

La primera propuesta fue la de cerrar por completo el país y confinar a sus ciudadanos dejando solamente abiertos aquellos servicios esenciales como hospitales, alimentación, protección civil y seguridad. El consejero de asuntos económicos se llevó las manos a la cabeza y todos protestaron enérgicamente pues existían demasiados intereses particulares y privados que en caso de llevarse a cabo tal propuesta les dejaría fuera de juego. Así que convencieron a la Reina de lo esencial de muchos servicios de dudosa utilidad. Antes de tomar la decisión la reina preguntó: “¿En qué se basa para proponer semejante temeridad?”. A lo que la consejera respondió: “Su Majestad, si solo pudiera escoger tres cosas para vivir ¿qué escogería?

La segunda propuesta fue comerciar solo con productos del Reino, que los ciudadanos no tuvieran que salir de casa para concentrarse en lugares públicos y que fueran los trabajadores del Reino y su ejercito, que verían mermadas sus tareas habituales, los que hicieran las labores de recoger y repartir las compras a todas las casas. La consejera de comercio y la de asuntos del Reino no daban crédito de lo que oían y empezaron a destripar, sin más argumento que el insulto, esa idea. La Reina se volvió hacia la consejera rebelde para preguntarle de nuevo por el motivo de su propuesta: “¿Qué argumentos tendrían que hacerme cambiar de opinión y exponerme a las protestas y rebeldía de los trabajadores y trabajadoras del Reino?“. Entonces la consejera volvió a responder con una pregunta: “Mi Reina, si solamente tuviera una moneda de oro, ¿en qué la invertiría?”

La tercera propuesta sería aprovechar la oportunidad que les brindaba el ataque de la Oscuridad para recuperar las ciudades y los pueblos para la gente convirtiéndolas en peatonales, haciendo grandes aparcamientos en las entradas, y multiplicando por cuatro los transportes públicos del reino. De ese modo, cualquiera que deseara entrar en las zonas urbanas debería pagar por acceder de manera privada excepto aquellos transportes individuales no contaminantes, los esenciales de salud y protección y los de mercancías. Toda la contaminación iría desapareciendo dejando de alimentar la Oscuridad que al no poder nutrirse de nuestro entorno se alejaría inexorablemente. Esta vez fueron la consejera de industria y el de turismo quienes pusieron la voz en el cielo puesto que los intereses de los nobles que les apoyaban quedaban en entredicho. La Reina intentó aplacar sus ánimos reprochándole a la consejera y a la Princesa: “¿Sois conscientes de que esto supone atacar directamente la línea de flotación que nos ha hecho un Reino próspero?” y sin dejar responder aún a nadie le dijo a la consejera: “Imagino que de nuevo me responderá con una pregunta capciosa…”. La consejera respondió: “Con todos los respetos, su majestad, pero no es capciosa una pregunta que le obliga a reflexionar” y prosiguió con su pregunta: “¿Cuán lejos de usted está todo aquello que la hace feliz?”

Muy segura de sí misma la consejera lanzó la cuarta y última propuesta. Multiplicarían por diez los impuestos de tabaco, alcohol y juego. Permitirían las salidas para hacer deporte solos o en familia en horarios convenidos, y la cultura estará accesible a todo el mundo. Adecuarían todos los centros deportivos y culturales, y permitirían que estos desarrollaran sus actividades en espacios públicos para el beneficio de la gente. Las risas y carcajadas de incredulidad de los consejeros resonaban en toda la sala puesto que no se podían creer la incongruencia de la consejera pidiendo el confinamiento total de los ciudadanos por un lado y dejando salir a la gente por el otro, para hacer ¿deporte o culturizarse?. La reina también mostraba un gesto de incredulidad ante tal afirmación así que intentó resolver sus dudas preguntando: “¿Qué razón podría tener para exponerme a una revolución por la subida de impuestos y al desconcierto por no poder salir, saliendo?”. La consejera le formuló una última pregunta: “¿Qué es lo único a lo que no renunciaría bajo ningún concepto?

La Reina se acercó al gran ventanal del salón y mirando hacia afuera se tomó unos minutos de reflexión apartada del murmullo, las protestas y las discusiones que se habían formado alrededor de las propuestas defendidas por la consejera y apoyadas por su hija, la Princesa. Después de una larga deliberación la Reina volvió con toda la gente y le dijo a la consejera: “Siendo esta una decisión difícil y entendiendo que no gozaré del apoyo de todos y todas las que están aquí, he decidido concederle que escoja una de las propuestas para que se lleve a cabo”. El estruendo de las quejas de los allí presentes fue extraordinario pero la Reina los acalló rápidamente y se centró en escuchar a la consejera. “Si Majestad, antes de tomar mi decisión me gustaría hacerle una última pregunta. Si tuviera un solo deseo que se le pudiera conceder sin condiciones, ¿cuál sería su petición?”. La Reina miró pensativa a la consejera y sin dudarlo le respondió: “Gozar de una salud magnífica tanto física como mental para poder vivir con calidad muchos años disfrutando de lo que me hace feliz como la familia, los amigos, la libertad y las actividades que me hacen disfrutar de la vida”.

Después de escuchar esa respuesta la consejera no dudó en tomar la decisión: “Entonces mi Reina, dejo en manos de sus consejeros y consejeras pensar en corregir lo estropeado durante un pasado de dudoso compromiso con la salud física y mental de su pueblo, y decido que sea la propuesta cuatro la que se implemente para prevenir, planificar y construir un presente para el Reino que se preocupa por el futuro de sus ciudadanos”. La Reina se sorprendió y le preguntó el por qué de esa decisión y la consejera le respondió: “la Oscuridad siempre estará lanzando ataques y quizás este nos haya cogido desprevenidos, pero si aprovechamos todo este tiempo para que la gente coja el hábito de conocerse, enfocarse en lo realmente importante, velar por su entorno y aprender y hacer deporte conseguiremos que cada vez sus ataques tengan menos fuerza por que todos tendremos salud física y mental”. Y entonces fue la Princesa la que cogió la palabra ante la estupefacción de los presentes para decir: ” Si la única oportunidad que le damos a la gente de sentir la libertad en tiempos de confinamiento es para hacer actividad física o cultivarse conseguiremos que en una sola decisión se generen hábitos saludables por encima de nocivos adictivos reduciendo las enfermedades y las muertes. La gente empezará a conocerse mejor a sí misma enfocando su mente en lo que es realmente importante y reduciendo y mejorando su salud mental. Conectarán de nuevo con sus parejas, hijos y familiares convirtiendo la familia de nuevo en un pilar fundamental de la sociedad. Fomentaremos las relaciones personales de compañerismo por encima de los conflictos bajando la inseguridad, y mejorará la productividad laboral debido que la gente se sentirá mejor en todas las áreas de su vida. Y para los consejeros que solo piensan en una cosa, que hagan un repaso a lo que acabo de decir y vean que la implicación económica de todas ellas solamente serán positivas si dejan de pensar en que el Reino empieza y acaba en las cuatro paredes que los mantiene en una urna”.

Las oportunidades se van sucediendo en la vida y la sabiduría, la honestidad y la humildad que te apliques en tomar tus decisiones es lo que va a hacer que las aproveches o no. Aún así no le des cancha al arrepentimiento y aprovecha ese nuevo aprendizaje para estar preparado para la siguiente oportunidad que, si abres bien tu mente, no tardará en aparecer.

1 pensamiento sobre “LA OPORTUNIDAD PERDIDA”

  1. Brutal la reflexió i com ho portes a un conte. Esperem com la majoria dels contes que tinguin un final feliç i que sigui que tothom hagi agafat aquest hàbit

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